Seguro era un martes, o miércoles, pero era uno de esos días donde es muy mal visto estar bebiendo y más aún a esa hora, habrá sido un poco antes de medio día y estábamos ahí, en el jardín de casa de Gonzalo.
Gonzalo llevaba poco tiempo en el país, estaba recién llegado de Vancouver, no hablaba con nadie en clase y se sentaba siempre en la banca de adelante de mi. Con el paso de un par de semanas nos hicimos amigos y por su mezcla tan original que le daba ser peruano-canadiense al poco tiempo se volvió conocido por todo el mundo. Su acento, modo de hablar entre inglés y peruano y su look lo convirtieron en una imágen pública popular rápidamente.
Su madre, en afán de que su hijo se sintiera cómodo en su nuevo país, se sentía contenta al ver que su hijo llevaba nuevos amigos a la casa. Ella, en manera de fomentar las nuevas amistades de su hijo, cocinaba y atendía a los nuevos amigos de maravilla, Gonzalo se dejaba consentir y los nuevos amigos nos dejábamos consentir aún más con las maravillas que preparaba la señora y con el alcohol que el papá de Gonzalo aportaba a la ecuación.
Así llegó ese martes o miércoles antes de medio día del que hablaba, aunado a la hospitalidad característica de la familia, había una guitarra acústica, vaya sorpresa, Gonzalo, aparte de tener una familia maravillosa y desprendida, tocaba la guitarra y la tocaba bien.
Nos sentamos en la mesa del jardín, un jardín de esos maravillosos, con el pasto podado al centímetro, algunos árboles y al fondo un conjunto grande de piedras volcánicas de esos tan típicos del Pedregal. En esa mesa de jardín, la misma dosis de botanas, alcohol y Gonzalo cantaba cualquier tipo de canciones, en aquellos tiempos la Nueva Trova Cubana no parecía molestarme nada, (a comparación del ODIO y REPUDIO que le tengo en estos días) un par de esas y luego Mr. Jones, siempre Mr. Jones.
Estábamos en eso, en cantar o escuchar a Gonzalo, entre las risas y la botella de whiskey del Chato (papá de Gonz) cuando a lo lejos, sin más, sin invitación, arriba en la barda al fondo unas niñas se asomaban hacia lo que estábamos haciendo. Vaya que si éramos afortunados, varias alumnas del Francés del Pedregal se querían volar clases y la ruta de escape era la casa de Gonzalo, en medio de la ruta de escape estábamos nosotros, una botella y la puerta, ¡Que conveniente!
Es más que obvio que teníamos que persuadirlas que se saltaran a casa de Gonzalo, que vieran que no éramos de malas intensiones o no tan malas y que no era tan malo estar bebiendo entre semana y tan temprano como parecía. Al parecer ellas ya lo tenían decidido, no las convencimos, ellas lo iban a hacer, se iban a saltar, ya estaba pre aprobado ese plan, así que de pronto sus mochilas estaban de este lado de la barda e igual de rápido nosotros ayudándolas una a una a saltarse también a nuestro lado.
Se sentaron con nosotros, no bebieron, escucharon como cantaba Gonzalo, se rieron, cantaron las rimas de "Yo soy como el oso feo pero sabroso", dieron las dos y media de la tarde y salieron corriendo hacia su colegio a esperar a que sus madres pasaran por ellas.
Ese día la conocí, su nombre se me quedó grabado, quizá por que es un nombre nada común o quizá por otra cosa, nuestras vidas siguieron, esto debió haber sido 1994.
De este día, de este único día que nos vimos, que siquiera hablamos, hasta Diciembre de 2009 no había sabido nada en absoluto de ella, pero nada y por cuestiones completamente ajenas a nosotros volvimos a enterarnos de nuestra existencia.
Nuestra cita después de tantos años seguramente sería una experiencia extraña, pero la tenía que vivir, ella me invitó a una cena de navidad de sus amigos, yo acepté sin saber porque y de pronto sólo sucedió, como si la conociera de toda la vida, así fue, lo juro, me sentí muy cómodo con ella, de pronto todo estaba sucediendo.
Las siguientes citas se dieron fácilmente, en su tiempo, a conocer un poco de nuestros amigos, un viaje breve que nos separó un par de semanas, año nuevo, vida nueva, compañera nueva.
Hoy son seis meses de estar con ella, ¿fácil? no, para nada, dos personas con objetivos parecidos, modos de pensar distintos, diferentes, muy diferentes y malamente nos parecemos en nuestras fallas, en el carácter testarudo, intransigente a veces, dicen que es cuestión de signos, son los mismos, yo no entiendo de Zodiacos, sólo de actitudes. Pero estamos juntos por muchas más cosas, por que me hace mejor persona, porque ella tiene un corazón enorme, porque su amor es abrumador, por todos lados está, porque sin darme cuenta todo fue creciendo de menos a más y a más y hoy, después de estos seis meses, después de este fuerte tiempo de acomodo, se que tengo junto a mi a una gran mujer, que no me deja más remedio que voltear y recibir todo eso que me da y no más remedio que tratar de hacerla feliz y ser feliz con ella.
A veces me detengo a pensar en esta historia, en todas mis historias, en como de pronto debe existir algo más grande que nosotros, porque de donde menos esperas, de donde menos crees te llega algo, dentro de todo este caos debe haber un orden regulador, dentro de mi caos me llegó este orden, nunca pensé que ella, nunca pensé que así, nunca creí en ella y hoy soy su creyente más fanático.
Sólo espero que siga todo tan bien y tan extrañamente funcional que nos estamos llevando estos días, porque llegamos a estos seis meses muy sólidos como pareja, un cambio total del día uno, desde ese 1994 a hoy. Bien por estos seis meses, no son nada en tiempo, pero sí han sido mucho en aprender a estar juntos y en lograr resolvernos juntos.
2 opiniones:
Que hermosa historia de Amor!
Que lindooo... Quiero una historia así!!
Publicar un comentario